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Lo Salvaje y lo Invisible



La voluntad

La voluntad expresa lo que los antiguos denominaban como el cordón de plata que nos conecta a la energía planetaria, al alma vibratoria de nuestra Madre la Tierra. La voluntad echa raíces en el torbellino energético que los japoneses denominan Hara, que significa vientre o centro de gravedad.

Para el chamán, el Hombre es el intermediario sagrado entre el cielo y la tierra. Los cimientos de su persona reposa en el equilibrio del centro de gravedad. Agudizar las percepciones de nuestro centro de gravedad nos permite ser fieles a nosotros mismos, y así, no renunciar a nuestra presencia en este mundo. El centro Hara facilita en nosotros la apreciación de las energías que nos rodean, energías sutiles que nos curan y nos guían.

Estar anclado en su centro, echar raíces, es hacerse disponible para el ser y para las fuerzas de nuestra Madre la Tierra. No sabríamos elevar nuestras ramas hacia la luz si nuestras raíces no se hundieran profundamente en la tierra.

Hara es un estado de espíritu en el cual el hombre se abre a sí mismo, dando así la posibilidad a su ser esencial de manifestarse. La sociedad condiciona la identificación de uno mismo, y lo contrae en su realidad existencial. Pero el iniciado que desea conocerse debe desembarazarse de las máscaras y los miedos de la existencia, e identificarse con el ser, y no con el tener y las angustias que emanan de eso. Hara en este sentido, es una respuesta porque le permite a nuestro ser manifestarse en nuestra vida cotidiana y realizarse según las intenciones de nuestra alma.

Es por su voluntad que el iniciado se alimenta de elementos sutiles, energías componentes de la Tierra, iguales a frutos maravillosos cuya naturaleza es el éter. El chamán, a ejemplo de Merlín y de Tippi, armoniza su sistema de energías interiores con su ecosistema. Extiende su doble por la potencia de su voluntad hasta que comprende su lugar en la vida, en su cuerpo etérico, y el planeta entero, en su cuerpo astral.



La armonia con la naturaleza

La armonía con la naturaleza y los animales principalmente se establece en el lugar de vida del hechicero. Hay que meditar a menudo mucho tiempo en un lugar para impregnarse de él e impregnarle recíprocamente nuestro fluido. Nuestras energías vuelven en interacción con las energías naturales hasta el punto de alimentarnos del espíritu de las cosas, este sol invisible que nos teje en sus rayos. Y el ave como la piedra le revelará al chamán al augurio y la información que su corazón espera.

En esto, la voluntad como cualquier otro punto vital, es la llave para nuestra felicidad terrestre, penetrada de las luces que reflejan las imágenes y las esencias de un «paraíso perdido».


Lo sagrado

La relación intima que mantiene el chamán con la naturaleza, principalmente con el bosque, y los animales y los espíritus que lo pueblan, caracteriza su espiritualidad. Encontramos en Merlín al hechicero, el arquetipo del druida silvestre, y en el Demiurgo de los Dogons, al dueño de lo salvaje y lo invisible.

El chamán forma el lazo entre la naturaleza salvaje de donde saca su energía singular y la colectividad humana para la cual oficia. Al nivel más alto, se convierte en un hombre ave trueno, bufón sagrado, cuyo comportamiento inverso sobre numerosos niveles demuestra que el contacto con el que lo trasciende depende de reglas no lineales, no racionales. La locura sagrada de la que es investido le permite establecer el contacto con las fuerzas del espíritu, del alma y de la luz a su nivel más alto. El chamán libera entonces a la colectividad de sus desequilibrios y de sus neurosis.

 
Por Gilles GABLAIN
Naturo-Fosfenólogo
Diplomado por la Escuela del
Dr. LEFEBURE.

Asistido por:
Lucile QUACH VAN LÊ
Diplomado en neurociencias.

Presentación
Lo salvaje y lo invisible

La madre mística

El chamanismo druídico

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